sábado, 15 de diciembre de 2007

Un fin de semana movidito.



EPÍLOGO:

Atención, HAY spoilers.

Óscar y yo, os hemos hecho una recreación de lo que podría ser lo ocurrido tras la fatídica noche del 13 de mayo de 1949 en la Ópera, basándonos en vuestros posts, comentarios tras el vivo, etc.

Esperamos que sea del agrado de todos y que paséis un buen rato leyéndolo.

Pronto, abriremos el blog para "Saturnales por César", el siguiente vivo. La fecha estimada es un finde de mediados de septiembre. Comentadme si podéis venir o no y cuando me confirmeis asistencia, os pasaré la encuesta a ver qué pj os doy. Ya pondremos por akí la URL.

Saludos.

Pili.


En un despacho del Quai des Orfèvres:
Tras desestimar al que parecía el culpable inicial, el Comisario Maigret y el Sargento Lucas, pusieron sus anotaciones sobre la caótica velada encima de la mesa. Eliminado Corelli, la pista se perdía entre la multitud de posibles culpables. Podían haberla matado casi cualquiera de los que estaban en la cena. Había muchos motivos: Desde los celos, rivalidad artística, temas de alta diplomacia y espionaje, etc.
Con una bandeja de cervezas y sándwiches subidos de la Brasserie Dauphine, los ánimos mejoraron, pero seguían sin tener un culpable.

Lucas recordó entonces una escena ocurrida en uno de los pasadizos secretos del Garnier: Elia Kazan habló sobre la desaparición de la pluma de uno de los asistentes a la velada: Presionado por el mismo Lucas, le reveló que el escritor, Georges Simenon, había extraviado la suya antes de la cena, pues lo comentó abiertamente durante la misma.
La luz se hizo por fin en la cabeza del Sargento. Llamaron rápidamente al director ¿greco-americano? Para que confirmara la información. Elia Kazan no iba a dejar escapar una oportunidad tan clara, para irse lo más rápidamente posible de Francia, aunque fuera con el rabo entre las piernas, así que sólo accedió a firmar su declaración a cambio de un permiso para largarse, a cambio de que la Sureté, hiciera caso omiso de los rumores surgidos durante la cena sobre su comunismo.
Pero a Maigret aún le quedaba el desvelar el porqué. Era uno de los que no tenía ningún motivo. Aparentemente. Pasaron las horas leyendo y releyendo las declaraciones y las notas. Y de repente, Maigret vio la razón en forma de un montón infame de archivos que le quedaban por redactar. Se acordó de todas las llamadas telefónicas del escritor, que insistía en ver cómo actuaba y cómo investigaba, el que según él, era el mejor detective del mundo. Simenon deseaba observarle para poder crear un personaje a su imagen y semejanza y dotarlo de realismo.
Maigret se sintió un poco culpable, cuando por fin se dio cuenta que había provocado de una forma indirecta la muerte de la joven: Tras rechazar una y otra vez al escritor, Simenon tiró de contactos y el mismo ministro de cultura le rogó que lo atendiera en su despacho. Molesto y coincidiendo con un periodo de absoluta calma criminal, le tuvo viendo como rellenaba informes y contestaba llamadas, cosa que también es parte del trabajo policial. La frustración del escritor tuvo que ser tan grande que cuando fue invitado a esa cena, con tantas personalidades, lo tuvo claro: Un asesinato entre todas estas personalidades, provocaría su inmediata asistencia. Sería Maigret el encargado de averiguar lo ocurrido y podría verlo actuar delante de él.

Maigret de repente, asustó al taciturno Lucas: Un grito de rabia, por verse burlado así, mezclado con el estupor y lo absurdo del motivo del asesinato. Un “maldición”, seguido de varios “maldita sea” y, finalmente, un puñetazo en la mesa que hizo volar los sándwiches que quedaban, que eran pocos.

Tras llamar a la Brasserie para que subieran más, le haría pagar por su crimen. Lucas fue tomando notas. Tras completar la investigación, este fue el informe confidencial que pocos llegaron a ver.

Informe policial:
-Caso: 12.05.1949.45 Homicidio en 1º grado.
-Asesinato de María Casanova, también conocida como Mary Jane Clayson, Maya Clay, alias Butterfly, etc…
-Viernes, 13 de mayo de 1949. Ópera Garnier.
-Implicados: (Lista de pjs).
-Investigación:
El Sargento Lucas y el Comisario Maigret, acudieron de incógnito al Edificio Garnier, tras el aviso de Mademoiselle Claire Mathieu, que descubrió el cuerpo de una mujer caucasiana pero con rasgos orientales, de unos veinticinco años, que confirmamos murió degollada. El Informe Post-Mortem del Dr. Pardon, forense que acudió a la escena del crimen tras la llegada de Maigret, confirma la causa y hora de la muerte.
El asesino ha sido identificado como Georges Simenon, que iba en busca de musa para su escasa imaginación. Su amante Denyse Ouimet, no tuvo nada que ver, aunque creemos que tenía sus sospechas.
Rogamos la condena sea lo más dura posible.
-Pruebas:
-Pluma de Georges Simenon, manchada de sangre de la asesinada, encontrada por Madame Amèlie Papillon, y entregada al Sargento Lucas la noche de autos. La señorita Papillon se encuentra en paradero desconocido actualmente.
-Declaración de Elia Kazan con redacto de conversación en donde Simenon le confiesa haber perdido la pluma antes del asesinato.
-Declaración de su secretaria (y amante) Denyse Ouimet, que revela que en el momento en el que sucedió la escena, Simenon estaba en el wc o en paradero desconocido. Ahora, niega dicha revelación hecha a ciertos invitados al acto. (El informante se acoge a su derecho de anonimato, por inmunidad diplomática.)
-Libreto de la Ópera firmado por María Casanova, manchado de sangre y con la firma a medias, confiscado en el apartamento del escritor.

Una conversación telefónica: Ministro Moch y Juez Comelieu.

-Convendrá conmigo en que hemos de silenciar tanto el encuentro con Chuikov, como el “incidente”, Monsieur Comelieu.
-Completamente de acuerdo, Ministro Moch. Pero mi sentido de la justicia hará que encuentre algo para retener al asesino de la joven. El Comisario Maigret me ha comentado algún problema con su pasaporte y su esposa. Comenzaremos por ahí, seguiremos con sus impuestos, con sus vicios, con sus contactos pro-comunistas, con…con lo que sea.
-Bien, bien. Pero con cuidado. Yo mismo me encargaré de hablar con la prensa.

Una cerveza muy productiva:
Maigret fue a hablar al día siguiente con Sir Oliver Harvey sobre todo el tema: Asesinato, diplomacia, etc. Rechazó unos bombones que le ofreció, pues no creía que los volviera a probar, tras lo ocurrido en el Garnier, pero no hizo así con la bebida. Y en la mesa del inglés vio por casualidad el libreto de la Ópera.
Le estaba echando un vistazo, ya que él no pudo ni ver la obra, mientras bebía una deliciosa cerveza inglesa, cuando casi se atraganta.
Había visto un código oculto entre garabatos y el texto impreso del libreto.
Aunque Jorge VI, monarca de Reino Unido, insistió en nombrarle Lord, Sir Oliver Harvey no aceptó el honor. Al fin y al cabo, no fue meritorio su descubrimiento, según sus propias palabras.
El encontrar el verdadero código Voynich supuso una gran mejora en las comunicaciones de los Aliados, y Maigret siempre será bienvenido en el Reino Unido, así como Sir George Abbot. (Padre, por si quedaban dudas.)

Le Monde, 14 de mayo de 1949.
Terrible explosión, destruye el Edificio Garnier.
Anoche, alrededor de las 3 de la mañana, una explosión convulsionó todo París. Los asustados vecinos de la Ópera Garnier, pensaban que la guerra les golpeaba de nuevo. Las declaraciones del Director Moncharmin nos han confirmado que unas cuevas subterráneas, de la época de los Comuneros, llenas de gas grisú, estallaron al encender algún fuego de forma casual. El ministro de Justicia, Monsieur Moch, asistente también a la Première de la Ópera, comenta: “Horrible, ha sido horrible. Se oyó a una mujer gritar que huyéramos, e instantes después hubo un fuerte olor y nos hicieron desalojar todo. Salimos corriendo por los pasillos, pero intenté en todo momento, que la evacuación fuera ordenada y los importantes invitados al evento, salieran indemnes, como ocurrió. Asustadísimos, a los minutos de salir, vimos como un icono de nuestra cultura, se hundía sobre sus inestables cimientos, ante nuestros espantados ojos. Pero no se preocupen. Construiremos un edificio que honrará al Garnier y en poco tiempo, podremos disfrutar de nuevo de la Ópera”
Todos los ocupantes del edificio, fueron desalojados por el Comisario Maigret, que también acudió al acto. Lamentablemente, la protagonista de la Ópera, María Casanova, una joven promesa lírica, murió en su camerino, enterrada por los escombros.

Firmado: Arsène Piermond.

Un hogar de proletarios parisinos:
La noticia conmovió a los Dupont. Sólo pudieron acudir una vez en su vida a la Ópera, por su elevado coste. Aún recordaban ese aniversario de boda. Fue antes de la terrible segunda guerra mundial. Estaban desolados por la noticia, aunque Madame Dupont, sólo pensaba que su marido podía haber muerto allí, pues le tocó trabajar esa noche y llevó la misma noche de la explosión, unos paquetes a la Diva, que pereció en el accidente. Parecía una joven prometedora. Una lástima.

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La cumbre política se realizó en París bajo bandera de Mónaco, y se consiguió mantener la Paz. Rainiero y Sir Oliver fueron piezas claves para el entendimiento entre las naciones, aunque las relaciones siempre fueron tensas.
Chuikov consiguió pases diplomáticos ilimitados para los suyos y varias embajadas en puestos claves que le permitieron seguir de cerca las intenciones de sus enemigos. Así fue como consiguieron copiar a los estadounidenses los planos para la Bomba Nuclear a finales de este año, pero no la llegaron a usar. Se intercambiaron prisioneros de ambos bandos y esas Navidades fueron más felices para aliados y comunistas.
Sir Oliver se retiró al cabo de unos años de la militancia activa y se compró un cottage en su condado natal. Fue nombrado barón y disfrutó de un agradable retiro en su Inglaterra natal. De vez en cuando daba alguna cena a sus amigos: La familia Palazón, los Maigret, Menzies, Sir Georges Abbot, etc. Sus timbas de bridge, su nivel como ajedrecista, y las historias de sus aventuras (narradas siempre de forma que no se podía saber quién ni cuándo) le hicieron ser uno de los anfitriones más deseados del lugar.
Al año de la muerte de María Casanova, consiguió que el gobierno británico le concediera a título póstumo la Cruz de San Jorge por su valor y sacrificio. Esta medalla hizo que se reconociera oficialmente su mérito, aunque al ser de carácter civil, se omitiera su implicación en la alta política inglesa.
Se organizó el funeral, que no había podido tener. Sólo asistieron unos pocos, entre los que estaban él mismo, Jules Maigret y el Comandante Palazón, que lloró por María al no ver a Mr. Wargrave allí. Un tiempo después, cuando el Comandante Palazón volvió a depositar unas flores, vio algo extraño sobre la tumba: Una peluca y un ramo de flores. No tenían tarjeta. Pero pensó que al menos, alguien también se acordaba de ella.

El Comandante Palazón, volvió a Bletchey Park como “profesor” y se le vio como un consejero de la OTAN en asuntos tácticos y relacionados con la aviación. Al cabo de varios años, una prometedora diplomática francesa le hizo olvidar a Mary Jane (nombre con el que conoció a María Casanova) y tuvo 4 hijos, que fueron su orgullo.

El Persa, Alcaraván Rashid, colaboró con el Comandante Palazón en ciertas misiones en Europa y gracias a los contactos que consiguió aquella noche de Ópera y libre ya de tener que vigilar a Eric, el fantasma, volvió a su país, Mazenderán y derrocó a la Tirana. Colaboró en la erradicación definitiva de los Sultanes y es un gran héroe del pueblo Mazenderano. Cuando se proclamaron como república, le cambió el nombre y bautizó a su tierra como Ming.

El Sargento Lucas fue nombrado Comisario cuando su estimado Maigret se retiró un año después. Siguió pendiente de Simenon hasta su muerte y vigiló desde su comisaría a Abbot, que siempre le escamó.
Pero él también se retiró a los pocos años, joven aún para disfrutar de su primer nietecillo, al que llamó Jules y fue apadrinado por su mejor amigo. Su hijo mayor, le relevó en el cargo un tiempo después. Nunca mencionaron el “Incidente Garnier” en sus reuniones familiares y de amigos. Era algo a olvidar.

Jules Joseph Anthelme Maigret, por su parte, tras abandonar la comisaría del Distrito 18 de París, realizó su sueño de mudarse a una pequeña casita alejada del bullicio de la gran ciudad. Allí, junto a su esposa, veía pasar la vida. Disfrutaba de las cosas sencillas. Un jardín. Una cerveza. El sol. Eso le hacía feliz, y era suficiente. Se permitía el lujo de tener, de vez en cuando, a algunos invitados, para pasar unos días. El Doctor Pardon, Lucas, o incluso Sir Oliver Harvey pasaron por esa casa.
Mucho tiempo más tarde, habiendo fallecido su esposa, y habiéndose el mundo olvidado de él, sólo dos personas fueron a su funeral: el ex comisario Lucas y Georges Simenón, esposado.

Jean Jacques Rebel, espía e inventor, tomó grandes decisiones tras la cena. Tras confirmar las sospechas sobre el lío de su esposa Jane con el retorcido Corelli y recibir a los pocos días la noticia de que su amada estaba embarazada, sumó dos y dos: Él no era el padre, pues había estado muy ocupado con el caso Butterfly y no se pudo acercar a su mujer. De todas formas, indagó y fue su última misión como espía: Averiguar que el padre de esa criatura no era él. Y lejos de enfadarse o deprimirse, se dio cuenta que fue culpa suya en parte, por dejar de lado a su maravillosa esposa y que ese hijo debía de haberlo engendrado él. Intentó darle a su vida el cambio de rumbo necesario para que un error así no se volviera a repetir. Decidió que hay cosas que mejor es dejarlas reposar y no liarlo todo con espías, contraespías y contracontracontraespías. O quintacolumnistas., como algunos los conocen ahora.
Abrió nuevas sucursales con la Philips, mejoró el sistema del afeitado eléctrico y fundó la filial de electrónica que daría tantos avances a la ciencia, participando en la creación del primer circuito integrado. Sir Oliver, le comentó un par de veces la posibilidad de retomar sus labores de espionaje, pero nada le pudo hacer cambiar de opinión.
Además el trabajo creativo, le dejaba mucho tiempo libre para estar con su hijita, vivo retrato de su madre (gracias a Dios!!!) y poder acompañar y apoyar a Jane en su nueva faceta como productora.

Jane Rhodes fue interceptada por su esposo cuando se dirigía a abortar. Un abrazo y la tierna mirada de él y no hubo más que decir. Volvieron juntos hacia casa. Simone, que esperaba a Jane en la puerta del ginecólogo, sonrió melancólica y pensó que bien está lo que bien acaba. Jane retomó su vida de pareja y siguió con su sueño de ser productora, apoyada por su esposo. Mantuvo muy buena relación con Denyse y colaboraron en diversos proyectos juntas. Con el tiempo, aquella terrorífica noche dejó de ser una pesadilla y Denyse apadrinó a su segundo hijo. Todos los pequeños Rebel la llamaban tía.
Jane tuvo mucha suerte, pues esa noche encaminó su vida hacia la felicidad. Otras colaboraciones famosas fueron las que hubo con los Moncharmin (Firmine y Armand, antes de la muerte de éste) en la gran Ópera de Mónaco.

La revista Tempes Modernes siguió dando caña a los políticos franceses, mientras Simone publicaba su exitosa biografía de Rainiero y su propia autobiografía, eclipsando al mismísimo Sartre, y era invitada a la première de la Ópera de Mónaco, a la que acudió un poco temerosa, pero no se repitió la tragedia. Siguió con su defensa de las libertades políticas y personales (a pesar de la suavización de su radicalismo tras conocer a Rainiero, al que siempre respetó) y comenzó un ensayo sobre la mujer, que la catapultó al éxito más aún. No olvidó hacer un monográfico sobre la danza en Francia y la foto de portada era la de la hija de Mme Giry.

Denyse Ouimet, abandonó al pobre e incomprendido Simenon, tras unos meses y se dedicó a exponer sus cuadros y a colaborar en diversas revistas bohemias y liberalistas. En un par de años era una reputada miembro de los clubs más selectos y se la disputaban en las fiestas. No insistió en su deseo cinematográfico, tras ver cómo estaba el panorama Hollywoodiense (gracias a las proposiciones deshonestas que le hizo Elia Kazan), pero sí que hizo algunos guiones para producciones de Jane Rhodes. En cuanto a la Cagoule (sociedad comunista, de la que era ojeadora) no aceptaron a George Abbot Jr, pero en cambio Simone se hizo socia colaboradora. Coincidieron en alguna reunión de la Sociedad Secreta con el Ministro Moch, que les hizo siempre un gesto de complicidad.

Los Corelli, interrogados exhaustivamente, se reconciliaron en la misma comisaría, unidos por el odio a los policías. Marcharon a Mónaco, donde participaron, junto a los recién casados Moncharmin y Richard, en el montaje de la Ópera de Mónaco, que junto al Museo Postal y otros avances, puso a Mónaco en un lugar privilegiado entre las ciudades europeas. El Príncipe Rainiero se casó con la deliciosa Grace y gobernaron felices, aumentando el poder y la fama del Principado y siendo casi venerados por su pueblo. La biografía que redactó Simone de Beauvoir, le ayudó en su campaña de imagen.

El intrépido Monty Wargrave, tras arruinar una noche a George Abbot jugando al póker en Mónaco, se marchó hacia algún lugar perdido en la Europa central y continuó sus aventuras allí. Cosa que nadie podrá comprobar jamás, pues nadie lo ha visto desde entonces.
Antes de ello, consiguió conversar distendidamente con Maigret y aunque Monty siempre sospechó de George Abbot, el Comisario le reveló que no era él el asesino. Entonces, incansable, debió de enrocarse con el Comandante soviético y averiguar la verdad, pues se le supone relacionado con el hallazgo en el piso de Simenon, de una valiosa joya robada al Conde Pompadour y que facilitó el encarcelamiento del escritor.

Dejando volar su imaginación, Simone escribió un relato sobre el aventurero, que nunca se publicó: Narraba que se compró un título nobiliario con los beneficios de los tesoros que encontró cuando buscaba la joya rusa y ahora vaga por el mundo, con otra identidad y siguiendo con sus aventuras.
Lo único que se sabe a ciencia cierta es que a los pocos meses, el pueblo soviético concedió grandes honores a Chuikov por el restablecimiento del Salón de Ámbar a la ciudad de Stalingrado. Los que sabían el secreto, sonrieron al ver la noticia.

Amèlie Papillon nunca acudió a su fiesta de mayoría de edad. Los policías que hacían la vigilancia cerca de las ruinas del Garnier, dijeron haberla visto danzando la noche siguiente a la tragedia y cuando se acercaron, cayeron en un extraño sopor. Sólo pueden decir, que ya no se oye de noche ese ulular que les ponía los pelos de punta. Quizá haya hecho descansar en paz los espíritus de los muertos que había en los sótanos de la Ópera.
Tras ello, se la vio comprando una maleta grande. La tendera que fue interrogada sólo reveló que partía hacia un lugar muy lejano, en buena compañía y por un buen fin. Críptica hasta en sus últimos comentarios, el único detalle tangible en el que se fijó la tendera es que llevaba un hermoso anillo de origen desconocido. Se publicaron panfletos con su rostro, pero se dio por desaparecida al año. Quién sabe si ahora viaja junto a Maya y conoce por fin los secretos del más allá.

Abbot Jr vendió el microfilm a los comunistas y una copia a Lucius Clay. Ambos bandos le pagaron, pero un día, unos tipos le dieron una buena paliza, mientras le dijeron que no volviera a engañar a nadie o la próxima vez le matarían. No fue capaz de vender la joya ni la peluca de la única mujer a la que amó. ¿Sentimientos?¿Culpa?¿Miedo a ser descubierto?
Se le ve habitualmente por Mónaco, derrochando el dinero que gana como relaciones públicas en el Casino. Y siempre que pierde, dice: Papá, ¿porqué siempre tienes razón? Pero tiene lo que ansiaba: Juego, chicas y una vida lujosa. Aunque oscila entre la riqueza y la pobreza, siempre sale de los baches, aún a costa de tener que pedir ayuda a su padre, que resignado, le mando algunas libras de vez en cuando. En el fondo, podría decirse “de tal palo, tal tarugo.”

Elia Kazan, consiguió que la gente olvidara su mala fama, a base de talonarios y de su amistad con las altas esferas de poder. Pronto triunfaría con el film “Un tranvía llamado deseo”. No recibió más anónimos ni chantajes. Retomó su vida familiar en EUA aunque siguió teniendo algún affaire con actrices a las que “descubrió”. No volvió a Europa ni a la Ópera en mucho tiempo y lavó su conciencia con un film al que llamó “La ley del silencio” y que tuvo gran éxito 5 años tras la tragedia del Garnier. Usó su poder de director de cine y escritor de guiones para estar lamentándose el resto de su vida, acerca de su faceta como traidor. También consiguió librarse de la férrea garra de MacCarthy y dejó de ser delator de comunistas.

Monsieur Moncharmín decidió, al fin, casarse con Firmine Richard, si ella finalmente le proponía matrimonio. Ello, por supuesto, no acabaría con su vida de mujeriego oportunista.
Se mudaron felizmente a Mónaco, en donde establecieron los planes para la nueva Ópera, que debería empezar en octubre. Todo marchaba bien. Desgraciadamente, Moncharmín nunca llegó a ver su deseo cumplido. Tal vez fuere el esfuerzo de la edad, el esfuerzo de sobrevivir al Garnier, o simplemente, el esfuerzo de haber mantenido oculto durante años su pasado nazi, todo camino tiene su final. Un hombre chapado a la antigua. Un hombre del siglo pasado. Un hombre que nació tarde, y murió temprano. Un hombre que, finalmente, nunca encontró su sitio en este extraño y cambiante mundo. Y, cuando lo hizo finalmente, fue demasiado tarde para él. La vida nunca da segundas oportunidades, aunque los hombres, como Rainiero, lo hagan.
Así pues, Monsieur Armand Moncharmín murió en su despacho, una mañana de Octubre, a pocos días de estrenar su primera Obra en la Ópera de Mónaco.

Firmine se casó, por el rito judío, con su estimado Armand, cuando pasó el trauma inicial por lo ocurrido aquella fatídica noche. Adoptaron un niño que se convirtió en un afamado violinista y consiguieron juntos su sueño de llevar su forma de ver el arte al mundo. Vivieron felices en Mónaco durante dos años, hasta que un día, Armand murió. Quizá demasiado prematuramente. Pero dejando una familia y una compañía artística (y un par de amantes…) que le lloraron amargamente. En su lápida reza: “A mi compañero, padre, artista.

Mme Madeleine Giry permaneció en París, a instancias de su amada hija, que catapultada a las revistas con la ayuda de Simone, se convirtió en una primera figura de la escena de la danza en Francia. Se convirtió en su secretaria, manager y acompañante en sus giras, asesorada por los sabios consejos de Jane Rhodes. Murió al cabo de muchos años y sus restos reposan junto a los de su amado esposo.

Harold Adrian Russell Philby (alias Kim) también conocido por la identidad del médico al que asesinó: Dr. Harold Smith-Jones, siguió “haciéndole la cama” al MI6 inglés bastante tiempo (junto a sus colegas, que formaban “Los cinco de Cambridge”), pues no fue descubierto hasta los ’60. Incluso se ganó una medalla: La Orden del Imperio Británico, por su “labor” para con la Patria. Siguió complotando con Moch para conseguir que el Comunismo tuviera la relevancia que ellos deseaban y ciertamente, durante esta época, la URSS fue la única Potencia rival de EUA.

Los comunistas en Francia con el apoyo en las sombras del Ministro Moch, tuvieron bastante que decir durante mucho tiempo, pero siempre lo hicieron de forma discreta, pues sabían que Francia aún no estaba preparada para este tipo de política. Políticamente, mejoró la grave inflación que había en el país con ayuda, a su pesar, de los americanos. También contribuyó a la mejora militar y a la formación de la OTAN, colaborando con sus rivales, por un bien mayor. Fue ministro de interior y de defensa sucesivamente, hasta su retirada de la política. Entonces, fue cuando se dedicó en pleno a sus actividades más secretas como miembro de la Cagoule, reclutando gente para su causa y escribiendo tratados y ensayos sobre política (de tendencias anticomunistas, para seguir manteniendo su fachada ante el gran público, mientras en la secta, redactaba panfletos rojos).

Lucius d. Clay no tuvo la guerra que deseaba, aunque en el fondo siempre tuvo razón y si hubieran atacado en aquel momento a los soviéticos, nada les hubiera frenado. Tras la “eliminación” de su hija bastarda, María Casanova (o Maya Clay), volvió a su hogar en EUA junto a su fiel esposa e hijos. Siguió intentando forzar la situación en Alemania, pues no tuvo que retirar tropas y se alegró enormemente cuando se levantó el muro de Berlín, años después.
Cuando vio las medallas y honores concedidos a Chuikov, le dijo a su esposa que ese día no cenaría y, engrasando su rifle de caza, recordó la noche en la Ópera. Y, por un momento, lamentó el no haber podido conocer a esa hija de la que nunca supo, y que murió por su patria. Como hubiera hecho él. En el fondo, se notaba que era hija suya. Pero pronto siguió con la redacción de su discurso a favor de aumentar el presupuesto armamentístico de EUA y le encargó su biografía a un americano, que supo ver su patriotismo.

Simenon, bueno, consiguió lo que pretendía: Hizo un gran personaje detectivesco y consiguió que le publicaran sus novelas, escritas desde una cárcel francesa. Tras la muerte del Comisario Maigret, su abogado solicitó una revisión del caso y consiguió la preciada libertad pues, oficialmente, nunca hubo un asesinato.
Murió al cabo de muchos años en la soledad de su estudio, pero satisfecho por haber puesto en jaque al mundo y haber escrito su obra maestra. Sus únicos compañeros, fieles hasta el fin, fueron el papel Butterfly (ironicamente) y lsu máquina de escribir Reminton.

Todos los que estuvieron implicados en lo ocurrido aquella noche, fueron influidos por lo que pasó allí. Algunos, muy drásticamente. Pero siempre tendrían recuerdos (mejores o peores) sobre aquella noche de estreno en la Ópera de París.
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Aún se puede ver la placa conmemorativa de la inauguración de la Ópera de Mónaco que reza así: “S.A.S. Rainiero I de Mónaco, inauguró el Teatro Moncharmin, el 13 de mayo de 1950, en honor de la Ópera Garnier de París y para el disfrute de sus ciudadanos y de aquellos que lo visiten”.
Otra placa, en la Nouvelle Ópera de París recuerda lo que significó el Garnier y lamenta a los fallecidos en el derrumbamiento del anterior edificio.